Un buscador de la verdad se sentó al borde de un camino a meditar.
Al cabo de un rato pasó por allí un borracho, que todavía mantenía cierta lucidez, y al ver al hombre sentado, pensó: «Este se ha pasado toda la noche bebiendo como yo, y ahora está borracho. Ha bebido tanto que se ha quedado dormido a la orilla del camino, y no sabe ni regresar a su casa». Y, tambaleándose, se alejó.
Más tarde pasó un ladrón y al verlo pensó: «Este hombre debe ser un ladrón que tras haber pasado la noche robando, ahora se ha quedado dormido. Me iré de aquí no vaya a ser que venga la policía a atraparle, y me coja a mi también». Y huyó rápido del lugar.
Por último pasó un sabio, y al contemplar al hombre que meditaba pensó: «Este hombre está en profunda meditación». Entonces, el sabio le dio sus bendiciones, y continuó su camino.
Cuento del libro Cuentos de Luz para el Alma de Ricard López
