CUENTO DE SABIDURÍA: SÉ HONESTO


Un príncipe estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo a la ley para serlo debía casarse. Sabiendo esto, decidió hacer una competencia entre las muchachas candidatas para seleccionar la que sería digna de ser su mujer.

Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientas y les encomendaría un desafío. 

Había una madre que servía en el palacio que tenía una hija joven que estaba enamorada del príncipe. La madre le comentó lo de la celebración. Y la hija le dijo que ella se iba a presentar como pretendienta porque tenía un sentimiento de profundo amor  por el príncipe. Su madre le dijo: «Hija mía, ¿qué vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Tú no tienes ninguna posibilidad. Sácate esa idea de la cabeza. No te va a elegir y vas a sufrir».

Y la joven contestó: «No, mamá, no voy a sufrir. Ya sé que no me va a escoger. Yo únicamente quiero aprovechar esta oportunidad para estar cerca de él. Eso me hará muy feliz».

Llegó la noche de la celebración y la joven se presentó como pretendienta. Allí estaban las muchachas más hermosas, con los más bellos vestidos, con las más bellas joyas y todas con la firme determinación de ganar. 

Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: «Daré a cada una de ustedes una semilla al azar de entre muchísimas semillas de flores. Aquella chica que dentro de seis meses me traiga la planta con las flores más bellas, será mi esposa, la futura emperatriz de China».

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones, pues se valoraba mucho el saber cultivar algo, ya sean las plantas, amistades, relaciones, etc. 

La joven llegó a su casa y lo primero que hizo es introducir la semilla en un recipiente lleno de tierra y luego la regó. 

Pasaron tres semanas y nada brotó. La joven pensó que se debía a que no tenía habilidad como jardinera, pues no sabía cuál era el sitio idóneo para colocar la planta ni si debía ponerle abono ni cada cuanto tiempo tenía que regarla. 

Pasaron tres meses y nada brotó. Día a día veía más lejos su sueño. La joven pensó que a lo mejor la semilla se había descompuesto por no conocer el arte de la jardinería. 

Al acabar el plazo de seis meses, la joven estaba triste porque nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación, la muchacha le dijo a su madre: «Mamá, aunque no tengo una planta con flores voy a ir igualmente al palacio, pues yo sólo quiero estar cerca del príncipe una vez más».

En la hora señalada, la joven se presentó con su recipiente lleno de tierra. 

Todas las otras pretendientes llevaban plantas con flores: lirios, tulipanes, rosales, hortensias, orquídeas, etc. La joven estaba asombrada, nunca había visto flores tan bellas. 

Finalmente, llegó el príncipe y pasó por cada chica, observando con mucha atención cada una de las plantas con flor. Cuando llegó hasta la joven que no traía planta, el príncipe le dijo: «Usted joven, ¿por qué ha venido si su semilla no ha brotado? ». 

La joven muchacha respondió: «He hecho todo lo que he podido para que brotase, pero no lo he conseguido. Y si he venido es para verlo a usted otra vez».

Entonces, el príncipe dijo a todos los presentes: «Esta chica será mi esposa. No trae más que tierra, pero sin embargo ha venido a mostrarme el resultado de su esfuerzo».

Todas las jóvenes presentes dijeron que el príncipe no estaba cumpliendo su palabra, que era injusto, pues ellas se habían esforzado mucho durante seis meses en cuidar sus plantas con flor. 

En aquel momento, dijo en voz alta a todos los presentes: «Esta chica que sólo me trae tierra será mi esposa. Ella es la única joven honesta que de verdad ha cultivado la semilla que le di, pues todas las semillas que os entregué eran estériles».


Cuento del libro Cuentos de Luz para el Alma de Ricard López