El sacerdote de un pequeño pueblo vivía enfrente de una prostituta, la cual era frecuentada por los lugareños y por hombres de los alrededores.
El sacerdote reprendía severamente a la prostituta: «Estás corrompida y perviertes a los hombres, ¿cómo osas llevar esa forma de vida?».
La mujer al oír al sacerdote se sentía muy apenada. Ella quería llevar otro tipo de vida, pero no tenía otro medio de subsistencia. Lloraba constantemente por tener que recurrir a la prostitución y pedía a Dios que le ayudase a encontrar un trabajo honrado.
El sacerdote comprobó que la mujer seguía siendo visitada por muchos hombres y empezó a controlarla. Decidió colocar en un cubo una pequeña piedra por cada hombre que entrara a recibir sus servicios.
Al cabo de un tiempo tenía el cubo lleno de piedras. Entonces, llamó a la prostituta y la recriminó: «Mujer lujuriosa, ¿ves estas piedras? Cada una de ellas simboliza un pecado. Hay tantas piedras como hombres has recibido durante los últimos seis meses».
La mujer se sintió culpable, sucia y pecadora.
Unos días después un terremoto hizo temblar el pueblo y hubo muchos muertos, entre ellos estaban el sacerdote y la prostituta.
Y he aquí que la chica fue conducida a la Luz y el sacerdote a las regiones de las sombras. Al comprobar esto, el sacerdote protestó por la injusticia de Dios y entonces un ángel le explicó: «Te quejas de haber sido conducido a las regiones de las sombras a pesar de haber pasado tu vida como sacerdote y no entiendes cómo la que fue tu vecina, la prostituta, haya sido enviada a la Luz, pero ¿es que no comprendes que somos lo que cosechamos? Echa un vistazo a la Tierra. Allí está tu cuerpo, honrado por obispos y por el mismo Papa de Roma. En cambio, mira el cuerpo de la prostituta, nadie la honra y es ignorada por todos. Pero, en cambio, ella con sus pensamientos y sentimientos cultivó elevados ideales, y tú, por el contrario, de tanto controlarla y de tanto mirar el pecado, teñiste tu corazón de impureza».
Cuento del libro Cuentos de Luz para el Alma de Ricard López
