David y María paseaban cogidos de la mano. Eran novios y se querían casar. Deseaban que su amor durase para siempre, y para conseguirlo, decidieron visitar a un gran maestro que vivía en un bosque para que les diese un consejo.
Los novios caminaron durante horas, hasta que llegaron al lugar donde vivía el maestro, y éste al verlos les pregunto: «¿Qué vienen a buscar aquí».
Y ellos le respondieron: «Hola, somos David y María y nos queremos casar. Nos han hablado muy bien de usted. Dicen que es muy sabio. Venimos aquí para que nos de algún consejo».
Entonces, el maestro les preguntó: «Pero, ¿qué es lo que queréis exactamente?».
Y los novios respondieron: «Lo que queremos es que nos de un consejo para poder estar siempre juntos, queremos asegurarnos de que estaremos siempre uno al lado del otro, hasta el final de nuestros días ¿Hay algo que podamos hacer?».
Y el sabio, emocionado al verlos tan jóvenes, tan apasionados y tan ansiosos por un consejo, les dijo: «Sí, pueden hacer una cosa. Quiero que vengan aquí mañana, y que me traigan un águila y un halcón».
Al día siguiente, los jóvenes se presentaron ante el maestro con un águila y un halcón, metidos dentro de un saco. El maestro examinó los animales y vio que eran unos ejemplares hermosos.
«Y ahora, ¿qué debemos hacer?», preguntaron los jóvenes.
Y el maestro les dijo: «Tomen las aves y amárrenlas una a la otra por las patas con estas cuerdas, y cuando estén bien amarradas, suéltenlas para que vuelen libres».
Ellos hicieron lo que les fue ordenado y soltaron las aves. El águila y el halcón intentaron volar, pero apenas consiguieron dar pequeños saltos por el terreno. Minutos después, las aves irritadas por la imposibilidad de volar, comenzaron a agredirse una a la otra, picándose hasta lastimarse.
Entonces, el maestro les dijo: «Jamás se olviden de lo que están viendo ahora. Ustedes son como el águila y el halcón. Si desean estar siempre juntos, uno junto al otro, aunque sea por amor, vivirán arrastrándose y peleándose como estas aves. Se destrozarán entre ustedes. Deben saber que el amor y el respeto aumentan con la distancia. Deben darse espacio y libertad. Si están siempre juntos, como ustedes quieren, no les auguro una buena relación de pareja. Este es mi consejo».
Los jóvenes le dieron las gracias y se fueron pensativos, en silencio. No les gustó el consejo. Entonces, se abrazaron con ternura y la chica le dijo al chico: «Cariño, mañana, si te parece, iremos a ver a otro sabio, que éste es demasiado viejo y ya no sabe lo que dice».
Cuento del libro Cuentos de Luz para el Alma de Ricard López
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