Un enorme, arrogante y rudo guerrero llamado Thor, fue a ver a un pequeño monje que vivía en una cueva en lo alto de una montaña, para preguntarle sobre el cielo y el infierno.
Cuando Thor llegó a la cueva, vio al monje y le dijo: «Monje, quiero saber si existen el cielo y el infierno».
El pequeño monje miró al poderoso guerrero en silencio. Después de un momento, le dijo: «Sí, en efecto, existe el cielo y existe el infierno».
Y Thor, con voz de mando, le dijo: «¡Demuéstramelo!».
El pequeño monje se quedó un rato en silencio y después le espetó con desdén: «¿Enseñarte a ti acerca del cielo y el infierno? No podría enseñarte acerca de nada. Eres un ignorante. Eres sucio y hueles mal. Eres una desgracia, la vergüenza de los guerreros. ¡Vete de mi vista!».
Thor se enfureció. Su ira era tal que apretó sus puños y su rostro enrojeció. Quedó mudo de furia. Rápidamente sacó su espada amenazante, preparándose para asestarla al monje.
Y el pequeño monje le dijo suavemente: «Observa tu mente, date cuenta del miedo y de la furia que sientes. Eso es el infierno».
El guerrero se dio cuenta de su proceder agresivo y durante dos minutos se quedó en silencio, muy sobrecogido. Después bajó su espada, y le dijo al pequeño monje: «Perdóname, no sabía lo que hacía. Te ruego, por favor, que me digas dónde está el cielo». En ese momento, el corazón del guerrero se llenó de paz y humildad.
El pequeño monje miró al guerrero en silencio. Y después de un momento le dijo dulcemente: «Observa tu mente, date cuenta de la paz que sientes. Eso es el cielo. En un segundo puedes ir del cielo al infierno y del infierno al cielo ».
Cuento del libro Cuentos de Luz para el Alma de Ricard López
